Susi Seoane fue una persona excepcional. Siempre trabajó desde la comprensión, con un talante constructivo y una manera de hacer impecable.
Despedimos con el alma encogida a una compañera irremplazable, cuya elegancia y serenidad transformaron la manera de dar voz a la ELA.
Hoy, en ConELA, el silencio pesa más que nunca. Nos toca decir adiós a Susi Seoane, nuestra compañera, nuestra vocal y, sobre todo, un referente ético y humano que ha dejado una huella imborrable en cada uno de nosotros.
Susi no necesitó nunca levantar la voz para hacerse escuchar, porque su autoridad nacía de la calma. En un camino tan duro como el de la ELA, ella eligió transitarlo con una entereza conmovedora, demostrándonos que la valentía no siempre ruge; a veces, la valentía es serena, educada y constructiva. Su activismo fue una lección de elegancia: sin estridencias, sin buscar el foco por vanidad, pero con una firmeza inquebrantable para poner la realidad de los pacientes en el centro, cuidando siempre las formas y el fondo.
Desde su participación en medios, como en Todo es mentira, hasta su labor incansable en las reuniones de AGAELA y los foros de Santander, Susi siempre aportó luz. Era la sensatez en medio del ruido, el rigor amable, la mano tendida para construir puentes donde otros solo veían abismos. Su generosidad al compartir su tiempo y su claridad mental fueron un regalo para todos los que tuvimos la inmensa suerte de trabajar a su lado.
Susi se marcha, pero nos deja un legado inmenso: la certeza de que se puede ser implacable en la reivindicación sin perder jamás la ternura ni la humanidad.Gracias, compañera, por tu «manera limpia» de hacer las cosas.
Gracias por tu templanza y por enseñarnos el valor de la dignidad hasta el último momento.
Descansa en paz, querida Susi. Tu ejemplo ya es parte de nuestro ADN. Un abrazo inmenso a su familia y amigos. No estáis solos.

